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jueves, 6 de abril de 2017

Cinco términos imprescindibles reinventados por la psicología actual






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Hoy voy a referirme a una serie de palabras de las que conocemos su significado, en unos casos mejor que en otros, palabras que nos encontramos de manera habitual en libros y artículos relacionados con nuestra actividad profesional, que utilizamos a menudo en nuestra práctica diaria o que escuchamos a nuestros colegas.
En definitiva se trata de términos que nos gusta utilizar y que se han hecho imprescindibles en el vocabulario de cualquier psicóloga o psicólogo, porque de un modo u otro, han sido retomados con vehemencia por la actual psicología.
No sabría decir cual de ellos está más presente en nuestra actividad cotidiana ni me es posible determinar su importancia relativa en el conjunto de conocimientos que manejamos en la práctica profesional, por eso el orden en que se presentan no debe ser tenido en cuenta:

1. Resiliencia

Seguramente es el término más de moda. Tiene que ver con la capacidad de afrontar las dificultades con ánimo constructivo. Es una cualidad que permite a algunas personas ser golpeados por la vida y recuperarse más fortalecidos que nunca. En lugar de dejar que el fracaso los supere encuentran siempre una manera de resurgir de sus propias cenizas.
Los psicólogos hemos identificado algunos de los factores que hacen que alguien sea resiliente o lo que es lo mismo, emocionalmente resistente. Entre estos factores están la actitud positivael optimismo, la capacidad de regular las emociones y la capacidad de ver el fracaso como una forma de retroalimentación de la que extraer algo útil o positivo.

2. Empatía

Tener la capacidad de adoptar el punto de vista del otro, es en realidad la experiencia de comprender la condición de otra persona desde su propia perspectiva. Ponerse en sus zapatos y sentir lo que están sintiendo.
Se sabe que la empatía aumenta las conductas prosociales y ha sido un término recientemente actualizado gracias a ciertas investigaciones en el campo de las neurociencias, que han puesto de manifiesto la existencia de las llamadas “neuronas espejo”, que reaccionan a las emociones expresadas por los demás para luego reproducirlas.
No obstante, ciertos estudios de investigación social revelan que nuestra cultura occidental tiende a socializar con una orientación más individualista que empática.

3. Empoderamiento

Es un término llegado del ámbito laboral y de las organizaciones, pero se ha instalado ya en nuestro vocabulario de una manera mucho más generalizada en relación al crecimiento personal.
En el mundo empresarial el empoderamiento tiene que ver con el reparto de la responsabilidad que se realiza entre los miembros de un equipo para realizar una determinada tarea, de tal modo que cada uno de ellos adquiere la capacidad de tomar decisiones dentro del grupo.
En lo que respecta a la psicología personal, la palabra empoderamiento representa la capacidad que cada uno de nosotros tiene de tomar las riendas de nuestras vidas,  de ser capaces de decidir y tomar la responsabilidad de cada uno de nuestros actos y de sus consecuencias.

4. Asertividad

La asertividad se relaciona íntimamente con la comunicación. Comunicar pensamientos, emociones, sentimientos y deseos de la manera adecuada y en el momento preciso significa ser asertivo.
El comportamiento asertivo supone la capacidad de reclamar tus derechos respetando el derecho de los demás. Las personas asertivas no se avergüenzan de defender sus puntos de vista o de tratar de influir en los demás.
En términos de afecto, asertividad significa reaccionar a las emociones positivas o negativas de un modo equilibrado, sin recurrir a la agresión ni a la pasividad. Saber decir NO a cualquier requerimiento que ponga en peligro nuestro equilibrio emocional es uno de los objetivos principales del entrenamiento asertivo.

5. Emotilencia

Si, es una broma, acabo de inventarme esta palabra porque no sabía como referirme a la inteligencia emocional sin romper la integridad del artículo. Por otra parte estoy seguro de que no tardaremos mucho en tener un término (más ocurrente que el mío) que haga referencia a este concepto.
La inteligencia emocional suele definirse como la capacidad que tiene un ser humano para identificar y manejar sus propias emociones y las de los demás. Y en general se dice que incluye tres habilidades:
– La conciencia emocional, que supone la capacidad de identificar las propias emociones y las de los demás.
– La capacidad de aprovechar las propias emociones aplicándolas a tareas como el control del pensamiento y la resolución de problemas.
– La capacidad de controlar las emociones, incluyendo la capacidad para regular las propias emociones, y la capacidad para animar o calmar a otras personas.
Estas tres capacidades o habilidades conformarían lo que podríamos llamar, dando de este modo consistencia al término recién inventado, una “actitud emotilente”.
Bien, estas son algunas de las palabras imprescindibles en mi quehacer diario y que a menudo utilizo también como “mantras” en momentos de dificultad personal.

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