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lunes, 24 de julio de 2017

Disciplina positiva: 5 claves para educar en positivo




Disciplina positiva: 5 claves para educar en positivo

5 pilares de la Disciplina Positiva
La disciplina positiva enseña a los adultos a utilizar amabilidad y firmeza al mismo tiempo. Las herramientas siempre giran en torno a estos 5 pilares básicos que una vez se interiorizan, las herramientas (casi) son innecesarias:
1. Respeto mutuo. Los adultos corroboran la firmeza al educar al respetarse a ellos mismos y las propias necesidades de cada situación que nos presenta la vida en familia. Y si todo ello lo hacemos con amabilidad y respetando las necesidades del niño estaremos cimentando el primer pilar de una buena educación.
2. Aprendiendo de los errores. Los errores son una oportunidad para educar. Para ello lo primero es identificar la creencia que esconde dicho comportamiento. Una disciplina efectiva es la que busca las razones que hacen actuar a los niños de cierta manera y trabajar sobre esas razones para cambiar la creencia en lugar de intentar cambiar solamente el comportamiento.
3. Sin castigos. Una disciplina que enseñe no es ni permisiva ni punitiva. La disciplina positiva anima a enfocarse en soluciones en lugar de castigos. El castigo es efectivo a corto plazo, pero tiene consecuencias negativas a largo plazo. Descubre alternativas al castigo.
4. Comunicación efectiva y habilidades para resolver problemas fomentando el sentido de comunidad y 'conectando' con el niño.
5. Alentadora (en lugar de alabadora). Cuando alentamos, ponemos atención al esfuerzo y la mejoría, no simplemente al éxito. Esto fortalece la autoestima y estimula. Es vital enseñar habilidades valiosas para un buen carácter.
Disciplina Positiva es una metodología que tiene sus orígenes en los años 20 en las ideas de Adler, Psiquiatra infantil, junto con Dreikurs. Pero es a partir de los años 80, con Jane Nelsen, se sistematizó, experimentó y se ha comprobado hasta el momento actual, el beneficio de esta manera de educar. Su libro, 'Cómo educar con firmeza y cariño', es el primer punto de partida.
5 características para que una disciplina sea efectiva
Jane Nelsen menciona las siguientes características de una “disciplina efectiva que enseñe”:
1. Ayuda a los niños a sentir conexión. (Pertenencia e importancia.) Los estudios han demostrado repetidamente que la percepción del estudiante de pertenecer a la comunidad escolar (estar “conectado” con la escuela) disminuye la incidencia de comportamiento de riesgo social (como estrés emocional y pensamientos/ intenciones suicidas, consumo de cigarro, alcohol y marihuana y comportamiento violento) e incrementa el desempeño académico.
2. Es respetuosa y alentadora. Amable y firme, al mismo tiempo. Muchos estudios muestran que los adolescentes que perciben a sus padres amables (que muestran interés) y firmes (exigentes) tienen menos riesgo de fumar, consumir marihuana, alcohol o actuar violentamente, y postergan la actividad sexual.
3. Es efectiva a largo plazo. Considera lo que el niño está pensando, sintiendo, aprendiendo y decidiendo acerca de él mismo o de su mundo y qué necesita hacer en el futuro para sobrevivir o prosperar.
4. Enseña importantes habilidades sociales y de vida. Respeto, preocupación por los demás, solución de problemas y cooperación, así como las habilidades para contribuir positivamente en su hogar, su escuela y su comunidad. El enseñar habilidades sociales a los estudiantes más jóvenes, tiene un efecto protector que dura hasta la adolescencia. Es más probable que los estudiantes que han aprendido habilidades sociales tengan éxito en la escuela y menos probable que tengan problemas de conducta.
5. Invita a los niños a descubrir sus capacidades. (Alienta el uso constructivo del poder personal y la autonomía.)
Cómo conseguirlo
La Disciplina Positiva aporta más de 52 herramientas prácticas para que los padres incorporen en su día a día. La Asociación de Disciplina Positiva España imparte talleres semanales presenciales y cursos donde enseñan estas herramientas útiles. Lleva más de 30 años tratando de "cambiar de paradigma educativo es un proceso lento que se facilita mucho a través de los talleres vivenciales y dinámicos que hacemos". Y nos recuerdan que "no hay ninguna herramienta de crianza que funcione en todos los casos o, prolongadamente en el tiempo, lo que existen son principios que nos guían en el proceso de educar". 

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