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lunes, 24 de julio de 2017

EL PODER DE LAS PALABRAS EN EDUCACIÓN


Nos interesan las palabras
porque las personas vivimos en ellas
Luis Castellanos
Vivimos en las palabras, construimos gran parte de nuestra realidad a través de ellas… ¿cómo si no explicamos lo que ha sucedido en nuestra vida, lo que nos emociona, lo que sentimos, lo que queremos o lo que ambicionamos conseguir? Y si vivimos en las palabras, deberíamos cuidarlas mucho más…
Vigila tus pensamientos, porque se convierten en palabras
vigila tus palabras, porque se convierten en actos
vigila tus actos, porque se convierten en hábitos
vigila tus hábitos, porque se convierten en carácter
vigila tu carácter, porque se convierte en tu destino
M.Gandhi

El poder
del lenguaje
El poder del lenguaje es mayor de lo que suponemos y, por ello, es fundamental desarrollarlo adecuadamente en educación, un proceso en el que la familia y la escuela ejercen una influencia determinante.
El desarrollo del lenguaje es un aspecto fundamental, ya que cumple una función no solamente de comunicación, sino también de socialización, de toma de consciencia y de autocontrol.
El lenguaje  es un instrumento de comunicación, a la vez que inserta a la persona en su entorno social y cultural, favoreciendo y regulando los procesos mentales.
El lingüista Karl Bülher, propuso que existían tres únicas funciones:
La función representativa o referencial, por la cual se transmite una información, objetivamente, el hablante informa sobre determinada realidad.
La función emotiva o expresiva, es la que utiliza el emisor para expresar sentimientos.
La función conativa o apelativa, se llama así porque el emisor espera el inicio de una reacción por parte del receptor.
Los resultados de diversas investigaciones demuestran que el lenguaje influye en la memoria y en la percepción, ya que nos ayuda a hacer generalizaciones, a asociar y a diferenciar los rasgos más significativos de las cosas y permite la acumulación de recuerdos y de información, así como que la conducta humana está influida en buena parte por el lenguaje.
El poder del lenguaje positivo
Y, dando un paso más allá, utilizar un lenguaje positivo puede influir también en el desarrollo de la persona. Así lo exponen Luis Castellanos, Diana Yoldi y José Luis Hidalgo en su libro La ciencia del lenguaje positivo. Cómo nos cambian las palabras que elegimos. Un libro absolutamente recomendable para entender la influencia del lenguaje en nuestra vida y cómo gestionarlo de forma positiva.
El libro nos invita a utilizar el lenguaje positivo en nuestra vida, algo que definen como:
“Un conjunto de habilidades y competencias lingüísticas que nos permiten ver, entender y comunicar los aspectos favorables de los acontecimientos y nos impulsan para que podamos hacer que la historia de nuestra vida y la de la humanidad sea una buena historia”.
Cuida de tu lenguaje porque tu lenguaje cuidará de ti
Luis Castellanos
Es la recomendación de Luis Castellanos y, para empezar, nos dice que nuestras palabras van a influir en el número de años que vamos a vivir… La primera razón para tomarnos en serio el lenguaje positivo parece muy convincente: alarga la vida.    Y señala diversos estudios que demuestran esta premisa. Existen palabras positivas de ‘alta activación’ que están relacionadas con la salud y la longevidad.
Por si fuera poco, la utilización de un lenguaje positivo es un camino para alcanzar mejores competencias en la vida personal y profesional. No cabe duda de que las personas que utilizan un lenguaje positivo transmiten mejores sensaciones a las demás, resulta agradable estar cerca de ellas y es más fácil que alcancen los objetivos que se proponen.
¿Cómo activar el lenguaje positivo?
Para utilizar el lenguaje positivo, es necesario “habitar las palabras”, vivir las palabras… el primer paso hacia el entrenamiento del lenguaje. Para habitar tus palabras, nos proponen tres fórmulas:
Crea rituales diarios para incluir en tu lenguaje una palabra nueva que quieras “habitar”, una palabra que te ayude a crecer.
Experimenta con las palabras, curiosea con el lenguaje.
La mejor manera de habitar las palabras es compartirlas.
Y es importante hacerlo, porque las cinco características de las palabras “habitadas” son que:
Dejan legado.
Son dignas de confianza y son éticas.
Nos cuidan.
Son sinceras.
Crean vínculos y relaciones personales duraderos.
Es cuestión de trabajar palabras positivas y de tener cuidado con el poder oscuro de las palabras: “el Darth Vader que todos llevamos dentro”…
Nos remite, como no podía ser de otro modo, a Martin Seligman y su trabajo de psicología positiva y a Daniel Goleman y su Inteligencia Emocional. Porque las emociones importan, las emociones tienen un efecto positivo sobre nuestro cuerpo y se contagian, por ello es necesario saborear la vida como una manera eficaz de transformar la realidad y tomar conciencia.

Entrenar el lenguaje positivo
En la segunda parte del libro, nos invitan a entrenar el lenguaje positivo y exponen su metodología SIL (Servicio de Inteligencia Lingüística). Para llevarlo a la práctica, a través de estas tres etapas:
Tomar conciencia de nuestro lenguaje actual. Lo primero es ver sólo utilizamos el lenguaje, a través de un proceso de análisis y de sencillos ejercicios que nos muestran qué tipo de palabras utilizamos. Comenzando por controlar las prisas y “ver” las palabras.
Regular nuestro lenguaje mediante el entrenamiento. ¿Puedo construir un mejor relato de mis experiencias? ‘Nuestra capacidad para sentir la vida, para sentir emociones y, sobre todo, nuestra capacidad para poder expresar mediante palabras nos hace especiales’. Debemos crear hábitos nuevos y saludables con nuestro lenguaje que den resultados a corto plazo. Su propuesta: ejercicios prácticos con diferentes grados de dificultad.
Disfrutar de los beneficios del pensamiento positivo, disfrutar de los pensamientos grandes y felices. Y nos dan fórmulas sencillas para ello, como el ejercicio de “21 días generadores de felicidad”.
Está demostrado que los pensamientos producidos por nuestro lenguaje positivo (verbal y no verbal) influyen poderosamente en nuestro cerebro. Los procesamientos son más rápidos, memorizamos mejor, tardamos menos en tomar una decisión, acertamos más y resistimos mejor las adversidades.
Las palabras tienen una enorme influencia en cómo pensamos, a qué aspiramos y cómo actuamos. “La ciencia del lenguaje positivo” nos muestra las ventajas de cuidar las palabras que elegimos. Es hora de empezar a entrenar, todo son ventajas.  Como dicen los autores:
“Parece imposible cambiar las emociones de forma voluntaria, pero nuestro cerebro está preparado para ello y conseguirlo solo depende de nosotros… aunque es complejo, no es imposible”.
El lenguaje positivo puede ser un gran aliado para manejar cada situación y dirigirla hacia donde queremos que vaya, y en particular para regular las situaciones vitales negativas –estresantes, críticas o complicadas–. Es necesario dedicarle al lenguaje un tiempo y un esfuerzo.
Todos hemos visto al tenista Rafa Nadal expresando con su cuerpo y gritando con furia deportiva un “¡Vamos!” que era solo para él. Una palabra que le empujaba a conseguir sus objetivos… esa es la fuerza del lenguaje positivo.
¿Te atreves a activarla?

¿Vamos?
FUENTE:https://ined21.com/

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